viernes, 27 de diciembre de 2013
Costa Rica - Península de Nicoya - Playa Carrillo
Playa Carrillo es una hermosa playa contigua a Playa Samara, una mezcla de turistas con veraneantes costarricenses que se encuentran de vacaciones para esta época. Es una bahía rodeada de cocoteros, con un mar calmo y caliente como la sopa, ideal para mi esposa.
Malke agarró por primera vez la tabla de barrenar y se volvió una fanática y experta... hasta carreras con Fede hacen.
Estamos evaluando la posibilidad de comprar una tercer tabla para evitar las peleas infantiles...
Estando estacionados a la vera de la playa, donde dormimos la primera de las noches, se nos acercan dos argentinos que regentean una posada en las cercanías (Agustín y Florencia). Plabras más, palabras menos, terminamos con una invitación para el día siguiente a comer un asado en su posada, donde pasamos una hermosa noche junto con Lautaro (primo de Agustín), Agustín y Florencia. Saciamos nuestra ansiedad de carnes y charlamos hasta altas horas. Después nos quedamos a dormir en el estacionamiento de la posada.
Ah!!!... me olvidaba. Agustín y señora nos cedieron su baño personal donde nos pudimos dar una ducha ¡de agua caliente!. Por las mañana nos despertamos con la alaraca de los monos aulladores.Ir a fotos de Playa Carrillo
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Costa Rica - La Cruz - Finca Cañas Castilla
La Finca Cañas Castilla pertenece a dos suizos emigrantes, radicados en el país hace ya 15 años.
La finca es, en realidad, una pequeña selva privada que pudimos recorrer y sentirnos como si estuviéramos en un Parque Nacional en miniatura. Monos araña, mapaches, cocdrilos, perezosos, un perro fiel que nos acompañó en las caminatas por la selva tropical, avistaje de aves (en una de las fotos se lo ve a Fede imitando a un señor alemán que hacía lo mismo...).
Los chicos se divertían viendo las piruetas de los monos en las ramas de los árboles, y los perros del lugar nos regalaron preciados momentos de paz al entretener a los chicos durante horas.
Un perezoso de dos dedos, abandonado por su madre y adoptado por la familia dueña del lugar, hizo las delicias de Eden.
La única parte fea de nuestra estadía de tres noches en el lugar fue la pérdida de nuestra bienamada y preciada cámara de fotos que, en un descuido se nos deslizó hasta el arroyo y se sumergió, por completo, en el agua. No hubo respuesta a nuestros intentos de revivirla... esperamos que Panamá nos regale una zona franca económica donde poder reponerla. Por ahora, las fotos tendrán una calidad menor. Por suerte guardamos a nuestra fiel Sony.
Abandonamos la finca en el feriado de Navidad rumbo a la península de Nicoya.
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